Desde el año 585 hasta el 711, el Bierzo forma parte del reino visigodo, cuyo centro polÃtico se encuentra en Toledo.
En el año 711 se produce la llegada de los musulmanes a la PenÃnsula. Ibérica, logrando prácticamente en cinco años, el dominio de la mayor parte del territorio controlado anteriormente por los visigodos. Entre los años 718 y 722 se produce la derrota de una expedición musulmana en Covadonga, lo que señala el inicio del Reino de Asturias.
Durante varios años, el Bierzo va a desempeñar el papel de zona de transición, papel que va a mantener hasta el perÃodo comprendido entre mediados del siglo VIII y los años centrales del siglo IX, ya que durante los reinados de Alfonso II (791-842) y de Ramiro I (842-850), se produce la reconquista del Bierzo, entendiendo por tal la integración de esta comarca en el reino de Asturias, tanto desde el punto de vista territorial como polÃtico-administrativo. Unos años más tarde, durante el reinado de Ordoño I (850-866), la expansión de este reino ya se sitúa al sur del espacio berciano, jugando un papel relevante en ese sentido gentes originarias del Bierzo.
A partir del reinado de Alfonso III (866-910) se dan unas condiciones de estabilidad en el Bierzo que permiten la reploblación de la zona, ya con cierta estructura poblacional, económico-social y administrativa.
Si hasta el s. XI las aldeas son la referencia fundamental en la red de poblamiento, desde este siglo el fenómeno más llamativo es el del nombramiento y desarrollo de una serie de villas, entre las que se encuentra Noceda, según documentos de la época.
Desde el punto de vista económico la tierra es la gran protagonista al ser la principal fuente de riqueza: se trata de una explotación agrÃcola-ganadera que tiene más importancia en uno u otro sentido dependiendo de las zonas.
Es de destacar la importancia en toda la comarca de las propiedades de los Monasterios, no sólo los situados en el lugar sino de los de zonas vecinas como León, Galicia o Asturias.
Noceda depende del Monasterio de San Isidoro de León. En el año 1.063 el rey Fernando I de León entrega esta villa al obispo de Astorga, Ordoño, por haber contribuido al traslado de los restos de San Isidoro desde Sevilla a León. A partir de esta fecha la villa de Noceda está muy ligada al abad de este Monasterio.
A principios del s.XIII un tal MartÃn Pérez Ravia deja las posesiones que tiene en Noceda al Abad de San Isidoro, a los hermanos que allà moran y a sus sucesores en perpetuidad. Estas donaciones eran prados, fuentes, montes, árboles frutales y no frutales. Se excluÃan tres solares en el barrio de RÃo. También da seis parejas de bueyes, ocho yeguas y veinte vacas, asà como todos los cerdos que tiene.
El 10 de junio de 1.168, el Abad Facundo otorga una carta foral a sus vasallos de Noceda. En ella el abad y todo su cabildo entregan a MartÃn Peláez y MartÃn Pérez los solares que fueron de MartÃn Ravia. A cambio se le impone unas condiciones de que sean vasallos fieles de San Isidoro y que por San MartÃn den un sueldo cada uno al prior de la Iglesia de San Isidoro del Barrio de Vega. Esta iglesia estaba situada en la Plaza San Isidro, siendo hoy una vivienda.
En la Baja Edad Media la influencia de los monasterios disminuye, siendo sustituida por la importancia que adquieren los señorÃos laicos, destacando sobre todos los de Bembibre (Alfonso de la Cerda, nieto de Alfonso X, la casa de Medinaceli, y la casa Alba de Liste) y Villafranca. |